Trabajo nuevo, vida nueva. Parte de la vida nueva es que estar 6 horas adelante de la computadora, me dan irremediables ganas de escribir.
Escaparse del trabajo para escribir (escaparse mentalmente, físicamente sigo acá)
No poder escribir una gran historia, porque la imaginación cuando pienso en trabajo se me consume.
Escaparse del trabajo para escribir me da mucha más alegría que escaparme para entrar a facebook.
Parte de mi vida nueva será dejar facebook un poco (fuera del trabajo)
Leo. Escribo. Luego. Existo.
Vivo.
jueves, 2 de febrero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
Sola con su amor el mar
Los zapatitos de la muchacha se mueven a paso ligero. “clap clap clap” sobre la vereda. De pronto se detienen, en una pequeña garita, en mitad de la cuadra: una parada de colectivo.
Por encima de los zapatitos, un short blanco cubre apenas sus piernas morenas, y una remera rosa de bambula le adorna el torso. Es un día soleado. La ciudad se arremolina a su alrededor de forma abrumadora. Los autos, los edificios, el smog.
La muchacha mira hacia el cielo unos momentos, con una mueca apesadumbrada. Piensa en la capa de ozono, en el calentamiento global, en los rayos ultravioletas que ahora le dañan la piel a ella y a los demás, piensa en si se podrá ir a vivir a otro planeta cuando éste estalle finalmente, y piensa en si los habitantes de otros planetas los dejarán pasar. Piensa en que desearía estar viajando entre las estrellas ahora mismo en lugar de estar esperando ese colectivo, y suspira. Son reflexiones extrañas para personas normales, pero no lo son para ella. Lo hace todo el tiempo.
La muchacha mira por la calle, pero el colectivo no se ve venir. Vuelve a su lugar y enciende un cigarrillo. Recuerda a su amigo, ese que le hace cosquillas cada vez que intenta prender uno en su presencia, y que le repite: “cada cigarrillo que prendés te acorta la vida en siete minutos”. Ella suele decirle que deje de molestarla, que su vida es suya y puede hacer lo que quiera con ella. De hecho, reflexiona, su vida no le importa tanto como para justificar que se aleje de su vicio. Inhala, exhala. Inhala, exhala. Suelta humo en cada acción. Lo ve irse. Cierra los ojos. Inhala, exhala.
Cuando vuelve a abrir los ojos, el colectivo se ve cercano. Arroja el cigarrillo, sube al colectivo. “plin plin plin” las monedas caen de a una en el monedero del colectivo. “plin” moneda que cae. “plin” otra moneda que cae. Detrás de suyo, una mujer empieza a mover el pie impaciente. La muchacha se fastidia y deja caer otra moneda (plin). “ya está arriba del colectivo, por qué está apurada?” se pregunta mientras deja caer por fin la última moneda (plin). Toma el boleto y se apiña al fondo, igual que lo que a ella le parecen otras cientos de personas. Ninguna parece relajada; todas, igual que la mujer que movía el pie mientras ella ponía las monedas, parecen estar impacientes por algo. “Será que esperan del mundo más de lo que el mundo les puede dar”, piensa la muchacha, y se encoge de hombros. De su billetera, como puede, saca una foto. La mira largamente, como esperando que su visión le haga menos tedioso el viaje. Tiene tantas ganas de verlo. Aprieta la foto en su puño y continúa mirando por la ventana. Falta poco.
Se baja, junto con unos cuantos compañeros de transporte público. Apenas camina unos pasos antes de toparse con un hombre de traje (¡Con ese calor!) que frunce el ceño y habla solo, a los gritos, por la calle. “El calor le está haciendo perder la cordura” piensa la muchacha, como si justo a ella le sorprendiera que alguien hable solo. Después ve colgando cerca del cuello del hombre un pendorchito negro. Un micrófono para manos libres. “Ah” se dice la muchacha, mientras comprende que, para su desgracia, en el mundo no hay tantos locos como a ella le gustaría. “Aunque a veces me da la sensación de que los que están mal de la cabeza son ellos…”, murmura mientras sigue su camino abstraída. No le interesan los demás en este momento. Sólo piensa en él.
Empieza a sentir su perfume aún a la distancia. Y el sonido musical de sus movimientos. Está tan feliz que baja corriendo la escalera que los mantiene alejados, y tiene que frenar de golpe para no caerse de lleno. Está por fin frente a él. Está por fin frente al mar. Está por fin sola con su verdadero amigo.
Busca despacio una roca en la cual sentarse a ver un rato la inmensidad del horizonte. Quiere una roca cercana, que le permita a las olas salpicarla un poco. La encuentra y se sienta con las piernas cruzadas. Allí, entre las piedras, mirando el mar, se siente feliz. Desde allí abajo no se escuchan los autos, apenas sí se siente a lo lejos el murmullo de la gente. Pero hay como un muro invisible que la separa de la civilización, y la ayuda a encontrarse consigo misma. Por eso le gusta tanto estar allí siempre que puede.
Luego de un largo rato de estar sentada frente al mar reflexionando, acerca de las cosas, acerca de la vida, o simplemente disfrutando de la espuma blanca de las olas chocando contra la escollera, la muchacha descubre a otra que, a su derecha, también mira el mar. Y llora.
Está sola.
“Debe llorar por su soledad” se dice. “Yo antes también temía tanto a la soledad que me hacía llorar. Ahora no. No le temo, no me angustia” se miente. “En realidad, no es que ya no le tema, ni que ya no me angustie. Es que aprendí a cargar con esta angustia todo el tiempo; es tan natural que ya ni para llorar me sirve”, se sincera, finalmente. “Pero al menos, me permite conocerme mejor” se consuela, y sonríe.
Prefiere seguir mirando el mar. Se acuerda de esa canción que dice “sola con su amor el mar…” y piensa que va muy bien con ella. Ella está enamorada del mar.
De golpe, una fuerte ola le moja apenas los pies. Sonríe. Se siente feliz.
Su celular empieza a sonar, sacándola de su ensimismamiento. Ella lo saca de su cartera, que había dejado un poco alejada para evitar que se mojara; mientras, una nueva ola le moja los pies hasta los tobillos. Intenta ver el mensaje que le habían mandado, pero no puede. Una enorme ola, mucho más grande que las anteriores, la empapa, y, casi como si fuera un manotazo, tira del celular que cae al agua. La muchacha se queda perpleja un instante, mientras el mar se revuelve como si estuviera dando brincos de satisfacción. La muchacha comprende lo que pasa, y empieza a reírse a carcajadas.
Aquella que se había sentado a su derecha y lloraba, ahora la mira sorprendida. O asustada. No se sabe si está preocupada por el celular perdido en el océano, o por la repentina carcajada de su compañera, pero evidentemente, está incómoda.
La muchacha no le hace caso, acaba de entrar en una especie de delirio. Abre su cartera, saca la billetera. Cuenta los billetes de a uno. Su compañera, aún extrañada, la mira contar su capital. Tiene bastante encima.
“Uno, dos, tres..” cuenta la muchacha. Termina y vuelve a empezar. “Uno, dos, tres…” . Luego de contar por cuarta vez los billetes, los vuelve a meter prolijamente en la billetera. Saca su DNI y lo mira un largo rato, página por página. Luego,saca tarjetas: de colectivo, la tarjeta de débito que nunca activó, la tarjeta del mecánico, la tarjeta del soldado con el que pasó una noche, allá, hace tiempo. Las mira una por una. En todo lo que hace, parece buscar algo. Como si buscara algo que valiera la pena.
Luego de volver a guardar todo lo que sacó de su billetera, la muchacha pega un grito de “¡Libertaaaaaaaaaaaaaaad!” y arroja su billetera al mar.
El océano festeja. Una nueva ola enorme la empapa de pies a cabeza, y ella salta y festeja. Sigue riendo. Cuando voltea, ve que su compañera se aleja. Está demasiado asustada, cree que está loca. “Pues sí, lo estoy amiga. Qué lástima que vos todavía estés cuerda”.
El proceso de la billetera se repite con todo lo que lleva en la cartera. Va examinando las cosas de a una, hasta descubrir que no tienen ningún valor. Entonces las arroja al mar. Luego de cada arrojada, una ola la moja. Ambos están felices.
Finalmente, se guarda el paquete de cigarrillos en el bolsillo, y arroja la cartera de cuero. “Chau para siempre!”, le grita. Se sienta, y, cuando está por encender un cigarrillo, una salpicada se lo moja. Ella mira al mar, enfurecida, luego sonríe: “el último, lo prometo”. Las aguas se quedan quietas, y ella prende otro cigarrillo. Lo fuma despacio, mirando el horizonte.
La marea empieza a subir, y de a poco se acerca a sus pies. Ella mira el agua acercarse, le sonríe. Se quita un zapato, luego otro, y los arroja también al mar. Inhala, exhala.
Cuando termina su cigarrillo, arroja la colilla, junto con la caja y el encendedor. “Y yo me quejaba de los que contaminaban” se ríe.
Permanece sentada. Luego se acuesta y cierra los ojos. Escucha. El mar empieza a mojarla cada vez más. No le molesta, le gusta. Siente un placer casi obsceno cuando el agua fría le roza la entrepierna. Se estremece. Con los ojos aún cerrados, se desprende el pantalón, y el agua misma empieza a tirar de él. Entre ambos, logran que la prenda nade mar abajo junto con el resto de las pertenencias de la muchacha.
El mismo proceso se repite son su remera. La muchacha sigue sin abrir los ojos. No la ve, pero siente la soledad a su alrededor, y siente con una claridad estremecedora el agua del mar cubriéndola hasta los hombros. No deja de sonreír.
Finalmente, queda completamente desnuda en la roca. Las olas la cubren una y otra vez. Empieza a resbalar por la roca. No se inmuta. Sigue sonriendo. Las olas la hacen resbalar por la roca, ella lanza una carcajada
El mar la arrastra hacia el horizonte. Mientras se deja llevar, ella piensa que llegar al horizonte es un recurso muy poético para terminar una historia. Que la hace pensar en cosas lindas, como en cumplir sueños. Que a ella le gustaría leer una historia en donde al final, el protagonista alcanza el horizonte.
-Cuando lleguemos, te voy a escribir una historia-le dice al mar. Y sigue sonriendo.
viernes, 13 de enero de 2012
Hoy quería ver el documental "Cupido, la ciencia del amor", una verdadera maravilla que nos explica de manera clara cómo el amor es más del cerebro que del corazón, mal que nos pese a todos aquellos que tenemos algo de poetas adentro nuestro. Solían pasarlo en Canal Encuentro a la hora del almuerzo, y me divertía mucho viéndolo.
Como sea, antes de darme cuenta de que era eso lo que quería ver, busqué en google "ley de atracción", y los resultados que encontré fueron sobre el libro "el secreto". Con un poco de lectura rápida, característica de los jóvenes de nuestros tiempos, me di cuenta de que se trataba ni más ni menos que de esa teoría que dice algo así como que somos lo que pensamos. Sin ser especialmente partidaria de la "new age", siempre creí, intuitivamente, un poco en eso: cuando ponemos nuestros pensamientos con el interrupotor de "vaso medio lleno" encendido, la vida va mucho mejor. Así que leí algunas cosas que me fueron apareciendo, hasta que llegué a un punto que me preocupó mucho.
Uno de los "6 pasos sencillos para aplicar la ley de atracción a nuestra vida" (?), el primero de hecho, dice "ten en claro lo que quieres, lo más específico que se pueda". Ups. Así que ahí esta el problema: no importa qué tan positiva sea si NO SÉ LO QUE QUIERO.
Sí, ya sé, es el descubrimiento más básico y estúpido que una persona puede hacer. Pero es mi gran piedra en el zapato, la clave: siempre sé que busco algo, pero nunca sé qué es.
No sé si cambiará mi vida por descubrir semejante boludez, y definitivamente estoy segura de que no me va a cambiar la vida escribir sobre ello en mi blog, pero quizá si algún incauto lee esto esperando algo interesante, le digo:
TENGAN EN CLARO LO QUE QUIEREN
Y si no lo tienen en claro, al menos tienen el enlace a "cupido, la ciencia del amor" que es un documental maravilloso :)
Como sea, antes de darme cuenta de que era eso lo que quería ver, busqué en google "ley de atracción", y los resultados que encontré fueron sobre el libro "el secreto". Con un poco de lectura rápida, característica de los jóvenes de nuestros tiempos, me di cuenta de que se trataba ni más ni menos que de esa teoría que dice algo así como que somos lo que pensamos. Sin ser especialmente partidaria de la "new age", siempre creí, intuitivamente, un poco en eso: cuando ponemos nuestros pensamientos con el interrupotor de "vaso medio lleno" encendido, la vida va mucho mejor. Así que leí algunas cosas que me fueron apareciendo, hasta que llegué a un punto que me preocupó mucho.
Uno de los "6 pasos sencillos para aplicar la ley de atracción a nuestra vida" (?), el primero de hecho, dice "ten en claro lo que quieres, lo más específico que se pueda". Ups. Así que ahí esta el problema: no importa qué tan positiva sea si NO SÉ LO QUE QUIERO.
Sí, ya sé, es el descubrimiento más básico y estúpido que una persona puede hacer. Pero es mi gran piedra en el zapato, la clave: siempre sé que busco algo, pero nunca sé qué es.
No sé si cambiará mi vida por descubrir semejante boludez, y definitivamente estoy segura de que no me va a cambiar la vida escribir sobre ello en mi blog, pero quizá si algún incauto lee esto esperando algo interesante, le digo:
TENGAN EN CLARO LO QUE QUIEREN
Y si no lo tienen en claro, al menos tienen el enlace a "cupido, la ciencia del amor" que es un documental maravilloso :)
sábado, 31 de diciembre de 2011
"(...) pero prefiero decirte explícita y claramente que si alguna vez tuve que pedir perdón y no lo hice, te pido perdón por eso."
La mejor forma de terminar el año es esa. Agradecer y pedir perdón a todo aquel al que se lo debemos.
Feliz año para todos :D
La mejor forma de terminar el año es esa. Agradecer y pedir perdón a todo aquel al que se lo debemos.
Feliz año para todos :D
martes, 27 de diciembre de 2011
Tachero: ¿Y las chicas? ¿Estudian?
Mamá: Sí, estudian, les va bien por suerte
Tachero: Ah, qué bueno. Igual, les conviene engancharse con uno con guita y listo. Es mucho más fácil, es lo que les conviene, la verdad. Tienen la vida asegurada después. ¿'Nocierto'? Sí sí, eso es lo que tienen que hacer.
Claro, porque no me puedo asegurar la vida por mí misma, no?
Claro, porque tener plata es tener la vida asegurada, no? Y vivirla, y disfrutarla, más allá de la plata no es tener una buena vida, no?
Claro.
Qué mal que estamos, che.
Si mi cara de asco hubiera podido matar en ese momento, ahora estaba presa.
Mamá: Sí, estudian, les va bien por suerte
Tachero: Ah, qué bueno. Igual, les conviene engancharse con uno con guita y listo. Es mucho más fácil, es lo que les conviene, la verdad. Tienen la vida asegurada después. ¿'Nocierto'? Sí sí, eso es lo que tienen que hacer.
Claro, porque no me puedo asegurar la vida por mí misma, no?
Claro, porque tener plata es tener la vida asegurada, no? Y vivirla, y disfrutarla, más allá de la plata no es tener una buena vida, no?
Claro.
Qué mal que estamos, che.
Si mi cara de asco hubiera podido matar en ese momento, ahora estaba presa.
viernes, 23 de diciembre de 2011
Navidad significa "nacimiento"
Hubo una vez una mujer que se la jugó el todo por el todo, porque creía en la causa que se le estaba encomendando (lo cual vuelve a confirmar que las mujeres fueron siempre las que llevaron en sus entrañas la salvación del mundo).
Hubo una vez un niño que nació en un pesebre, que creció siendo carpintero, y que un día decidió ir por su tierra enseñándole a todo el que quisiera escucharlo que la única manera de ser feliz es amar a los demás, y brindarse por el otro.
Hubo una vez un montón de gente que no lo quiso escuchar, porque prefería amarse a sí misma que amar a los demás, y que decidió que acabar con la vida del carpintero era la mejor solución a los problemas.
Hubieron después, por suerte, miles y millones de personas a las que llegó el mensaje del crucificado y que, aún hoy, celebran cada 25 de diciembre su nacimiento. Porque les recuerda que vale la pena dar la vida por los otros.
Espero que tengan una muy feliz navidad, y que, entre cañita voladora y cañita voladora, recuerden al verdadero protagonista de la historia ! :)
lunes, 19 de diciembre de 2011
Citas literarias (porque son dignas de literatura)
-Si conseguís mirar el sol por tres horas seguidas, te convertís en una planta-le dijo el muchacho, y ella supo inmediatamente que estar en ese cuarto de hotel con aquel desconocido no había sido, después de todo, la mejor idea que había tenido.
Habían logrado tener sexo al menos, es cierto, y eso ya era mucho decir. Pero después de una hora de oficiar de enfermera de un flaco al que la proximidad del acto sexual le hace bajar la presión, no sentía muy erotizada que digamos.
Además, estar en un cuarto de hotel sentada en el piso, escuchando las historias de viajes de alguien que solo había visto una vez antes y que no parece estar muy preparado para tener ningún tipo de sexualidad con ella, le recordaba a una frase que había leído en un cuento, hacía pocos días atrás (“ Tampoco entendí si lo que sucedía nos llevaría a algún tipo de sexualidad o éramos simplemente dos personas agrediéndose en el cuarto de un hotel. Estaba más seguro de lo segundo que de lo primero. Pero acostado ahí estaba cómodo y sereno después de bastante tiempo. Y eso ya era mucho pedir. ”). La situación era casi calcada a la que había leído, y la situación escrita estaba inspirada en una que había sucedido apenas hacía una semana. Y con ella como protagonista.
“¿Por qué no puedo tener citas normales?” se lamentaba la muchacha, mientras acariciaba el cabello de aquel extraño que, recostado en un sillón con las piernas levantadas, contaba historias para no quedarse dormido, y para intentar no pensar que había pagado una suma importante de dinero para estar ahí y que no podía ni levantarse.
-No te creo. ¿Cómo que te convertís en una planta?
-Bueno, no en una planta planta, pero podés dejar de comer porque la luz solar te da energía. Como que vivís de la fotosíntesis. Lo estudió la NASA, buscalo.
-Sí, lo voy a buscar-le dijo ella, sabiendo que lo haría con la única finalidad de poder subirlo a su blog.
El chico que quería ver el sol y convertirse en planta era el más lindo con el que había pasado una noche en mucho tiempo. Morocho, ojos verdes, barbita, voz grave, buena onda, lindo perfume; un poco boludo también, pero porque todo en la vida no se puede. Sin embargo, tenía un defecto enorme para ella. Uno más grave todavía que ser medio boludo. Se iba a vivir a otro país al día siguiente. Y si bien a la muchacha la halagaba un poco pensar que en su último día en la ciudad había querido verla a ella antes que a cualquier otra persona, le daba mucha lástima no poder volver a verlo. Sobre todo, porque la intrigaba mucho saber si era mejor en la cama cuando no estaba mareado. Porque esa noche, de no haber sido por ella, se caía en picada.
-Pero ahora hablame de vos. Hablemos de política. De cómo te convertiste en una pequeña militante.
Ella no tenía verdaderas ganas de hablar de política en ese momento, sobre todo porque no creía que a él fuera a interesarle realmente lo que tenía para contar. Pero habló igual. Para llenar el silencio, y para evitar seguir hablando de convertirse en planta. Lamentablemente, hablar de su militancia implicaba nombrarlo a él. No, no a Néstor. Bueno, a Néstor también, pero se refería a otro “él”. A aquel militante que la había enamorado hacía como dos años y que todavía no lograba sacarse de la cabeza.
“Genial” pensó, mientras seguía hablando “ahora no sólo estoy hablando de política con un chabón al que no le interesa, sino que estoy pensando en el amor de mi vida, y estar hablando de política con un chabón al que no le interesa mientras pienso en el amor de mi vida me recuerda que el chico más interesante que conocí en los últimos 10 meses salió una vez conmigo y volvió con su ex.” Pensó también que tenía que concentrarse en lo que estaba diciendo en lugar de pensar tantas boludeces, y pensar eso de nuevo le recordó a aquel cuento. “Dios, que me internen”
-Y así fue, más o menos.
-Ah… sabías que mi tio es un ministro re capo?
-Ah, si? Qué bueno, mirá.
-Sí sí, es un genio, yo siempre le pregunto todo.
-¿No le hablaste del boludo de la NASA que se convirtió en planta?
-No era un boludo, era un capo el chabón. Y sí, le pregunté, dice que puede ser verdad.
-Entonces mañana empiezo a mirar el sol, ya fue. Si me quedo ciega me quedo ciega.
El chico la acarició y le dio un beso, lo cual era la primera muestra de cariño –y no de mera calentura- que había tenido en toda la noche –que era, de hecho, la única noche en la que habían pasado más de 10 minutos juntos. Ella le dedicó una sonrisa sincera y le dijo que en abril iba a ir a Brasil. Él le dijo que la iba a estar esperando; y ella supo que los dos estaban mintiendo. “Es la vida que me alcanza” pensó y se puso a cantar en su mente.
Y cantó, y siguió cantando en su mente. Y se vistieron y volvieron a su hogar, y ella siguió cantando. Y en alguna canción logró dormirse y olvidarse por un rato de los hombres que habían pasado por su vida sin amarla, y olvidarse de las veces que ella había querido y había terminado perdiendo, y del momento en que decidió cerrar su corazón para siempre y no volver a querer, y del miedo que le daba convertirse en una roca, y del miedo que le daba no convertirse en una roca y sufrir. Y esa noche soñó que vivía en el planeta del principito con su rosa, y fue una noche feliz.
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